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Chansons a la Vierge
(Les miracles de Nostre Dame)
–Gautier de Coinci-
Si hay un hecho por el cual deba recordarse con especial gratitud la figura de Gautier de Coinci, sin menosprecio al incuestionable valor de su obra, habremos de referirnos, necesariamente, a su inestimable contribución en la perpetuación de añejos sones musicales que, en su día, de manera libre e itinerante, pudieron viajar de unas geografías a otras. Unas músicas que quedaron eternizadas en su obra: Miracles de Nostre-Dame y que Gautier tuvo a bien hacer suyas, al reelaborarlas mediante el procedimiento del Contrafactum.
Aunque, sin duda, Gautier de Coinci no fue consciente, en su momento, de la trascendencia que su acción iba a tener en la futura preservación de esta música, el hecho es que, gracias a él, podemos congratularnos de la conservación de un patrimonio histórico y musical que, sin su intervención, se hubiera visto parcialmente perdido de manera irremisible.
Y es que, si bien podemos constatar le existencia de muchos de los precedentes musicales que sirvieron de modelo para la elaboración de los contrafacta: Carmina Burana, Chansons de autores concretos, piezas de autor y anónimos de la escuela de Notre-Dame, no obstante, encontramos otros muchos, de los cuales no hay conocimiento del modelo original.
Gautier de Coinci nació en la ciudad de Coincy (Aisne); no se sabe con exactitud si en el año 1177 ó 1178. A los 15 ó 16 años ingresó en la abadía de Bertrand y en el año 1214 fue nombrado Prior en el Vic-sur-Aisne. Más adelante, en el año 1233, llegó a convertirse en el Gran Prior de Saint-Médard, en Soissons; cargo que ocupó hasta su muerte, acaecida el 25 de septiembre de 1236.
Aunque pueden deducirse conocimientos musicales en la persona de Coinci, parece evidente pensar que la función que otorga a la música responde a una intencionalidad eminentemente práctica al servicio de la espiritualidad, que le sirve como herramienta inmejorable, a fin de poder expresar su profunda devoción a Dios y muy especialmente a la Virgen María.
En este sentido, Gautier es un precursor de la música de temática mariana, ya que con su obra Les Miracles de Nostre Dame, sirvió de inspiración para la producción de futuras obras dedicadas a la figura de la Virgen, tanto en Francia, como en los Países Germánicos. Pero, sobre todo, en la Península Ibérica, donde la obra del Prior de Vi, pudo servir de antecedente y referente para la producción de uno de los tesoros fundamentales de la música medieval en Europa: Las Cantigas de Santa María, impulsadas por el designio del rey castellano Alfonso X “el sabio.”
Gautier de Coinci escribe sus Miracles de Nostre Dame cuando es prior de Vic-sur-Aisne, entre 1218 y 1227. Se trata de una monumental obra que reproduce un inmenso catálogo de poemas escritos en lengua romance francesa, todos ellos compuestos en loor de la Virgen María
Dicha obra se presenta en dos libros simétricos. Ambos comienzan con un prólogo, seguido de siete canciones. A continuación se presentan los milagros, treinta y cinco en el primer libro y veintitrés en el segundo. Y en ambos casos, bien aderezados con diferentes poemas moralizantes, poemas laudatorios, canciones y plegarias.
En lo que respecta al ámbito estrictamente musical, la obra se divide en tres ciclos que aglutinan los 18 primeros cantos; una pieza sin música, la nº 19, que formaba parte de un sermón, y un último ciclo dedicado a Santa Leocadia (del 20 al 22), en el que se narra la desaparición -en la capilla del castillo de Vic-, de las reliquias de Santa Leocadia y de una estatua policromada de la Virgen. Este último ciclo termina refiriendo la profunda indignación de Gautier de Coinci al conocer los hechos y, por fin, la feliz localización y posterior rescate de todo lo sustraído.
Debe de señalarse que Gautier es, ante todo, poeta. Y, además, un poeta prolífico y renovador.
Él es el creador de una vasta obra lírica que conforma la cantidad de 30.000 versos, dedicados a la figura de la Virgen. Una poesía de profunda religiosidad y devoción que llama la atención por haber sido escrita en francés y no en latín. Acercando y popularizando, de este modo, el culto mariano al pueblo en general y permitiendo el acceso de la “lengua vulgar” al seno de la Iglesia.
Considerado por algunos autores como un poeta en exceso uniforme, artificioso e incluso pueril por su obstinación en el empleo de discutibles recursos poéticos, no se puede negar, sin embargo, su incuestionable maestría en el empleo de una incipiente lengua francesa. Una destreza que ofrece al servicio de su fervor mariano y que sabe plasmar con un estilo sensible y emotivo, a la vez que fogoso y apasionado.
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