La Lírica galaico-portuguesa

La lírica galaico-portuguesa

Aunque en el siglo XIII el Reino de Castilla y León continúa extendiéndose hacia el sur, conserva sus raíces marítimas. La herencia de Galicia será su mar y su lengua, el galaico-portugés, en que se escribirá la primitiva poesía lírica durante el siglo XIII y la primera mitad del XIV. Por su parte, el castellano se empleará en géneros narrativos y épicos en prosa, hasta que en la primera mitad del siglo XIV acabe por imponerse, olvidando el influjo de aquellas tierras lejanas y mágicas. Los poetas galaico-portugueses compusieron cantigas. Esta palabra, de resonancias antiguas, designa una composición poética destinada al canto a una sola voz, por oposición a un decir, de carácter recitado. Si los trovadores y troveros deben su nombre a su actividad, bien podríamos aceptar el término cantigueiros para estos poetas-músicos. Los núcleos más importantes de actividad cantigueira fueron no sólo el Reino de Castilla y León bajo el reinado de Alfonso X (1248-84) –convertido en un centro cultural con influencias diversas: francesa, islámica, judía y provenzal- sino también Santiago de Compostela –de fuerte presencia eclesiástica y polo de atracción de peregrinos de todas las nacionalidades- y las cortes portuguesas de los reyes Alfonso III (1248-78) y Dionís (1280-1300). Aunque al hablar de cantigas la memoria nos conduzca a las de Santa María, se conservan más de 2000 ejemplos de diversos géneros. El amoroso comprende las cantigas d’amigo, en las que una mujer se lamenta por la ausencia de su amado y las d’amor, en las que el poeta hace elogio de su dama. El satírico, referido a temas políticos, sociales y religiosos, con invectivas realmente groseras a veces, está representado por las cantigas de escarnho y de maldizer. Otros géneros menos utilizados son las cantigas de seguir, de vilao, los prantos, descordos, pastorelas... Todas son de temática secular, excepto las Cantigas de Santa Maria, concebidas con el objetivo concreto de loar a la Virgen María. Como se ha señalado anteriormente, la lírica galaico-portuguesa se nutrió de muchas y diversas influencias, entre las que destaca la trovadoresca, acentuada tras la cruzada Albigense cuando el norte de la península Ibérica fue el refugio natural de los trovadores. Para Fernández de la Cuesta ello se hace patente en la transposición de la temática: las cantigas de amor tienen un paralelismo con la cansó occitana y las del género satírico se asemejarían al sirventés. Sólo nos ha llegado un dos por ciento de la música del gran número de poemas que conforman el repertorio galaico-portugués y la suerte ha jugado un papel importante en la conservación y transmisión de esa mínima proporción. Suerte, porque fue ese factor el que llevó al anticuario Pedro Vindel a descubrir, a principios del siglo XX, un bifolio de pergamino con las siete Cantigas d’amigo (de las que sólo seis tienen música) de Martin Codax y más suerte todavía porque el empeño de la mente preclara de Alfonso X el Sabio le llevó a acometer la dirección del proyecto de composición del inmenso corpus musical y poético que constituyen las más de 400 Cantigas de Santa María. Las cantigas referidas, junto con unas cuantas atribuidas al rey Dionís de Portugal, son las únicas de cuya música hoy podemos disfrutar.    

 
Esperanza Rodríguez García


 

   
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